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El asombroso parecido entre Rajoy y Chucky

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Soy una amante de las películas de terror, es bien sabido por todos. Me gusta el suspense y soy bastante tolerante con la sangre y vísceras aunque me haga un poco la mojigata para no parecer una sádica cuando estoy con gente. Pero si hay una película, o mejor dicho, películas que me agobian son las del Muñeco Diabólico, Chucky para los amigos. Recuerdo verlas de pequeña y agobiarme muchísimo. No ya por el hecho de que un juguete infantil se convirtiera en un asesino psicópata (aunque he de reconocer que su sarcasmo me mola), sino por el hecho de que, hicieras lo que hicieras, parecía que no había manera de destruir a ese muñeco horripilante. Y cuando parecía que por fin había muerto… estrenaban una secuela, y otra, y otra…

Y por ese mismo motivo me agobia tantísimo Mariano Rajoy.

Tanto Chucky como Rajoy son muy de “tijeretazos”.

Terrorífico

A Rajoy hubo gente que le votó y ganó con mayoría absoluta, vale, es cierto. Votantes confiando en un programa electoral, ingenuos. Curiosamente en la primera película de Chucky todo comienza con la ingenuidad de un chiquillo… Pero bueno no me andaré por rodeos que son las 2 de la mañana y tengo que madrugar. Voy al grano. Lo que más me agobia es que Rajoy, como Chucky, puede recibir ostias (perdón) por todos lados y sobrevivir para seguir jodiendo (perdón) a la gente. Con una crueldad rayando el sadismo puede recortar servicios públicos y privatizar, incumplir su programa electoral punto por punto, recibir sobres, financiar su partido ilícitamente ( supuestamente ), mentir, amañar ruedas de prensa y muchas cosas más y ahí sigue… sin dimitir. Arrastrándose, sí, pero vivo, políticamente hablando claro. No sé ya que tendría que pasar o qué tendríamos que hacer para acabar con esta “dictadura del terror”. Nótese que utilizo la palabra “dictadura” conscientemente porque considero que esto dejó de ser una democracia en el momento en el que el Partido Popular incumplió el programa electoral que le había llevado al gobierno saltándose las reglas del juego.

Pero hay una cosa que todavía me agobia más que la posibilidad de que Rajoy no dimita. Me agobia mucho más la posibilidad de que, para cuando se agote la legislatura y ya parezca que nos hemos librado de este gobierno… (los votantes) decidan hacer una secuela.

Un beso corazones.

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Visitantes de dormitorio

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Cuatro de la madrugada de un día por semana cualquiera. Estoy en mi lugar favorito, o sea, en una cama doble, calentita, durmiendo feliz y soñando con cualquier cosa cuando de repente… uno de los compañeros de piso comienza a gritar y a correr por el pasillo encendiendo las luces.

Después del susto inicial que casi me provoca un infarto me acurruco acojonadísima en la cama y lo primero que se me viene a la cabeza es… “¡Mierda!, ¡ratas!” podía haber imaginado cualquier cosa: ladrones, fuego, ranas, zombies…pero no lo primero que pienso es en ratas, no me preguntéis por qué porque no tengo ni idea. Además es extraño porque las ratas no me dan especial repelús. Me aseguro de que tanto la puerta del pasillo como la del patio están cerradas y pienso… bueno “pues na, con la cantidad de mierda que hay en la calle normal que entren ratas”. Dos horas después me vuelvo a dormir, no sin cierta inquietud.

Al día siguiente de que esto sucediera hablé con mi otra compañera de piso, que también sufrió un trauma rayando el infarto y me cuenta lo que pasó. Al parecer nuestro compañero de casa tiene lo que en mi tierra se viene a llamar  el Pesadiellu. Al parecer siente una opresión tremenda, como si lo abrazaran y acaba gritando y corriendo por la casa.

La verdad es que, como ya os conté en alguna otra entrada, tengo una vida nocturna muy interesante y tuve experiencias bastante llamativas. Una vez se me apareció un hombre a los pies de la cama, como una sombra, con ojos blancos brillantes, observándome sin moverse. No sentí especial terror, me incorporé pensando.. “que coj…” y ya había desaparecido. Me hizo gracia y me volví a dormir sin problema.

Otra de las veces, lo que sentí fue como una mano cubierta por un guante negro se metía en mi cama y me abrazaba. La primera vez fui capaz a zafarme de ella pero la segunda vez me abrazó muy fuerte que casi me impedía respirar. Esta vez si que grité porque es una sensación bastante agobiante. Me volví a dormir sin problemas aunque sintiéndome bastante ridícula por haber gritado.

Aunque para sensaciones agobiantes las que siento más habitualmente, mínimo una vez por semana, cuando estando dormida, y siendo consciente de estar durmiendo soy incapaz a despertarme aunque lo intente. Ordeno a mi cerebro abrir los ojos, y lo intento con todas mis fuerzas, pero no hay manera. Es como si no fuera mi cuerpo y no lo dominara. Además puede volverse especialmente dramático cuando además creo estar viviendo una situación de peligro (un incendio, un accidente de coche etc) y por más que lo intente soy incapaz… no puedo mover un sólo músculo del cuerpo, ni una pestaña, así que simplemente me dejo llevar y pienso “pues nada, si me muero, me morí y ya está”… horrible.

Aún así, me alegro de tener estas experiencias aunque a veces lo pase mal. ¿Que haría yo sin mis visitantes de dormitorio o los zombies de mis sueños? mis noches serían taaaaan aburridas… con suerte esta noche me abducen los extraterrestres 😀

Un beso corazones.