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Camino de Santiago

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¡Hola, holita!

El mes pasado estuve haciendo el Camino de Santiago Primitivo con mi madre, y quería compartirlo con vosotros.

Comenzamos en Oviedo el pasado 9 de Mayo. Éramos jóvenes e inexpertas y estábamos llenas de ilusión. Aunque ya empezamos con problemas para sellar la credencial del peregrino (la catedral no abre hasta las 10), finalmente encontramos una iglesia abierta y pudimos comenzar nuestro viaje.

En la primera etapa llegamos hasta San Juan de Villapañada, poco después de Grao. El primer día la verdad que yo lo llevé bien, aunque al final de los 30 km mi espalda ya resentía el peso de la mochila (unos 6 o 7 kg), la verdad que no lo lleve tan mal como esperaba… Otra cosa es mi señora madre, que con mucha ilusión al principio, a poco más tira la mochila por el primer puente que vió. Obviamente, como comenzamos ese día, tambien era nuestra primera noche en un albergue aclarando nuestras dudas y temores con el hospitalero Domingo y otros peregrinos.

Conforme los días pasaban y las etapas se hacían más duras atravesando montañas y pasando Salas, Tineo y un sinfín de pueblines por el camino, la espalda y los pies se iban resintiendo más. Me salieron rozaduras en los talones que por momentos me provocaban calambres en los pies, y el dolor de espalda por culpa de la mochila no hacía más aumentar. Comenzamos a incluir en nuestra dieta diaria ibuprofeno y paracetamol además de untarnos diariamente en cremas y potingues para calmar el dolor de articulaciones y músculos.

Pero aunque lo parezca, estas vacaciones no fueron una tortura. Más bien lo contrario, el dolor de músculos, articulaciones y pies, era compensado con creces por las conversaciones en el camino,  la camadería en los albergues, la superación personal, los momentos de risa, los momentos de silencio y los lugares mágicos que nos fuimos encontrando por el camino.

Durante los 13 días que duró nuestro camino, sólo en un momento se me pasó por la cabeza abandonar. Durante la etapa de Los Hospitales, donde el cansancio, la lluvia, el viento y la niebla, las rozaduras en los pies y la mierda de la capa impermeable, me hicieron añorar el calor de una tarde de sofá y Netflix. Aquella noche decidimos dormir en un hotel, porque nosotras lo valemos, y ya al día siguiente contiuamos nuestra aventura con las mismas ganas.

En el camino vives el día a día. Te levantas y comienzas a caminar. Tus planes no llegan más allá de llegar al hotel y tomarte una cerveza. Los días los cuentas en etapas y no en días. Ya no hablas del martes o el miércoles, sino de la etapa tal o cual. Lo mismo con las personas, en la mayoría de los casos no sabes a qué se dedican, cómo son sus vidas, si tienen familia, pero se convierten en compañeros de camino.

El Camino fue, sin duda, una experiencia inolvidable que, incluso en los momentos más dolorosos, supe que no se puede quedar sólo en una vez. Me gustaría hacer otros caminos, sin embargo, el camino Francés probablemente quede descartado. Mi experiencia en las etapas en las que el Primitivo se junta con el Camino Francés no es tan buena. Una vez los peregrinos del Francés se une, el camino se vuelve una verbena. La gente se va parando en todos los bares que se encuentra (que por cierto son un montón), muchos hacen largos tramos en taxi, otros envian las mochilas por correos, otros hacen las tres cosas a la vez. Además los tramos por carretera se incrementan y se convierten en una tortura para los pies.

Os dejo con unas cuantas fotos de nuestra aventura y ya de paso, dedico esta entrada a mi madre y a nuestros compañeros de camino Iván y Manu.

Un beso corazones.

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A la salida, en la catedral de Oviedo. ¡Cuánta ilusión e inocencia!

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Muchos bosques…

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y ríos

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Vista desde el albergue de Borres

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Molino en algún lugar

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En la ruta de Los Hospitales

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Ermitas por doquier

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De vez en cuando hay que descansar

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Lugar de descanso y ¿meditación?

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En Lugo

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Mi madre buscando a la bruja de Blair

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Más iglesias en el monte

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En la frontera galaico-asturiana

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Casa abandonada

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Monte do Gouzo

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En Santiago

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Plaza del Obradoiro

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Hoy salgo del armario

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Hoy salgo del armario. Por muchos años he negado mi verdadera naturaleza y llevar esta doble vida me estaba causando mucha tensión. Compraba la Vogue, me ponía una comedia romántica pero todo esfuerzo era infructuoso y es que por mucho empeño que le ponga, por mucho que me esfuerce… reconozco que soy una nerd.

Mis primeras muestras de lo que yo llamo nerdiness o nerdinez se remontan al colegio. De aquella mi mayor ilusión era tener un telescopio y en esas cosas estaba yo cuando me dio por colocar estrellas fluorescentes en el techo. Pero no de cualquier manera no. Yo me dediqué a colocarlas formando constelaciones, intentando mantener su posición relativa, lo más parecido a como las observamos en el hemisferio norte que una no hace las cosas de cualquier manera. Con 10 años no te paras a pensar si hacer eso es muy normal, lo haces y punto.

En el instituto mis sospechas comenzaron a definirse y a crecer. Tengo que decir que mis gafas de 6 dioptrías (de aquella), mis plantillas para los pies planos, mi sobrepeso y mi horroroso aparato de dientes no me ayudaron nada de nada. Además admitir delante de toda la clase mi admiración por los renacentistas y hacer trabajos extras sobre la Luna para Ciencias Naturales no es de las cosas más normales del mundo. Por fortuna durante un par de años pude camuflarme entre las fans de los Backstreet Boys y las Spice Girls pero mi nerdinez se acrecentaba inevitablemente.

Decidí estudiar geología. Podía haber sido peor, podía haber sido informática, física o (Cthulhu me libre) matemática. Durante esos años jugaba al World of Warcraft y a casi todas sus expansiones y leía a Terry Pratchett o Tolkien, Pero eso es normal me decía, WoW es un juego muy divertido y la fantasía un género literario muy respetable. Y entonces voy y decido especializarme en Ciencias Planetarias.

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Yo en 2011 en todo mi esplendor nerd minutos antes del lanzamiento del cohete Abigale I en Graz, Austria.

Ahora sí, rodeada de nerds de los de verdad yo me creía del grupo de los guays porque no me gusta La Guerra de las Galaxias y no veo Star Trek. Pero el otro día pasó. Estaba aburrida delante del ordenador, no sabía que ver en Netflix y decidí ver Battlestar Galáctica… y me moló. En ese momento puse en pausa la serie y me dije a mí misma:

“Honestamente Abi, eres una nerd, sí, una friki de tomo y lomo. De nada sirve que lo niegues, que te pasees con la Vogue por ahí, que te hayas puesto lentillas o que digas que no te gusta hablar del espacio. Todos saben que mientes. Así que déjate de hacer la choni y sal del armario de una vez”.

Así que aquí estoy. Soy una orgullosa mujer nerd. Reconozco que me gusta leer ciencia, que he hecho cosplay al menos una vez y que repetiré, que mi noche perfecta es jugar al Guitar Hero y beber cerveza. Reconozco también que a veces animo al vikingo a trabajar los fines de semana para yo poder jugar al Left4Dead o al Diablo. Y que ni bomberos ni ejecutivos, para mí no hay nada más sexy que un tío hablando de física teórica, de películas de serie B o de videojuegos.

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En el festival de Ciencia Ficción de Londres el año pasado.

Así que desde aquí hago un llamamiento que espero que llegue a todos los rincones del Sistema Solar… ¡¡¡Mujeres nerd del mundo… uníos!!!

Un beso corazones…

Fuck political correctness!

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Las discusiones twitteras, en facebook o en blogs me ha enseñado mucho sobre la naturaleza humana pero aún así sigo cayendo en el tremendo error de entrar a trapo en ellas. A continuación me gustaría compartir con vosotros unas primeras sensaciones tras varias discusiones sobre diferentes temas en la red.

Muchos españoles no saben leer. Es un hecho. A ver que se me entienda, saben unir letras y recitar palabras y frases, párrafos incluso, pero me refiero a que no saben leer. Vamos a que el hecho de unir estas letras en palabras y estas palabras en frases les consume demasiada energía como para después entender qué narices han leído. Y esto es un gran problema. Nos llevamos las manos a la cabeza cuando leemos la posición de España en compresión lectora en el informe Pisa… y con razón.

También pasa que mucha gente en principio pueda entender lo que leen porque estúpidos no son (en general, hay alguno que debería hacérselo mirar) pero que como no concuerdan con sus ideas, y sobre todo con sus temores, preconcebidos, no quieren esperar hasta el final de la argumentación. Después dirán que no has dado argumentos, aunque realmente desconectaron en el primero.

Yo soy una persona bastante vehemente, lo reconozco, pero en mi favor diré que cuando no tengo ni idea de algo soy muy de preguntar y sobre todo muy fan de Wikipedia y de Google Scholar (deformación profesional). He cambiado muchísimas veces de opinión tras una discusión y no tengo ninguna vergüenza en reconocerlo. Pero claro, cuando llevas 3 horas dando argumentos y por la otra parte siempre se repite lo mismo una y otra vez, y otra vez, y vuelta la burra al trigo, y ale lo mismo de nuevo… acabas desesperada y con ganas de matar ¿o no?.

Otra caracterísica muy de discusiones twitteras, de facebook y de bar es llevar tus argumentos al extremo.

Ejemplo:

-” La valla de Melilla vulnera los derechos humanos, deberían eliminarla.

– Tú lo que quieres es que entren los moros y que acabemos todos musulmanes” (lo leí alguna vez por ahí y casi me da un síncope, obviamente es un caso muy extremo).

En otros casos la discusión transcurre en dos universo paralelos:

Hoy

– “Creo que el perro debería ser aislado, controlado y si está sano, liberado. 

– Para que vaya por ahí dispersando el virus por todo el mundo”. (¿donde vas? traigo peras)

Lo dicho que tras varias horas de discutir con una pared, en un acto de desesperación, ya te dices Fuck political correctness!! y vas y sueltas: “¿entiendes lo que digo?¿has leído los artículos que te envié?¿los has entendido?¿tienes algún problema de comprensión lectora?” y ya la gente se cabrea. Entendería que se enfadaran si realmente los hubieran leído y entendido y me replicaran cosas con sentido, pero cuando obviamente se han pasado lo que dices por ahí pues enerva. Sé que os ha pasado y me entendéis ¿a qué sí?. Yo cada vez que suelto cuatro palabras me tomo mi tiempo para explicarme claramente, me preocupo de que esté diciendo algo correcto, me mantengo abierta a preguntas, a contra-argumentos, releo para no tener faltas de ortografía, incluso si estoy en un teclado inglés me molesto en cambiar al español para que no haya lugar a dudas y la gente no piense que no sé escribir… y todo esto ¿para qué? para que después el primero de turno no se moleste en leer (y entender) lo que escribo y me repita la misma sandez una y otra vez. Y encima hasta me recriminan que les insulto y que no soy muy lista. Pues igual no soy muy lista, como me respondió alguna no voy a ganar el premio Nobel, pero al menos leo lo que me escriben, a pesar de la gramática, de la ortografía y del contenido del mensaje.

Duty Calls

Pero entonces llega un momento mágico en el que el que lleva todo el tiempo llevándote la contraria, diciéndo lo mismo una y otra vez, de repente va y te suelta lo que llevas repitiendole 3 horas hasta la desesperación. Ese momento es mágico pero preocupante a la vez porque nunca quedará claro si es que lo convenciste realmente con argumentos razonados, si eres idiota y no te enteras de nada, si es que el tipo se explicó desde el principio como el culo, si fuiste tú la que te explicaste peor que el culo, o si simplemente el tipo no entendió nada y asimiló lo que dices sin ni siquiera pararse a pensar.

Sé que a veces me paso de vehemente y a algunos, los que me conocen poco, les puedo parecer extremista e intransigente pero realmente es muuuuuy fácil callarme, sólo necesito un buen argumento.

Mi conclusión es que discutir en internet es absurdo, como me dice el vikingo “remember that there is an infinite amount of tards on the internet” y tiene toda la razón (aunque después él entra al trapo como el que más).

Un beso corazones.

Se acerca la fecha…

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Antes de nada un anuncio: Seguramente os habréis dado cuenta de que estos últimos meses no estoy escribiendo tan habitualmente como solía. Tiene una explicación y no es que yo esté más vaga que de costumbre. Ahora soy blogger oficial de Cielos Despejados y en breves también empezaré a escribir en MasScience, ambos blogs de divulgación científica. Además estoy preparando una colaboración en otro proyecto para los próximos meses así que aunque no lo parezca no paro de escribir. Pero tranquilos volverán mis entradas sobre conspiranoicos, sobre mis aventuras y otras cosas de esas que se me pasan por la cabeza.

Por otro lado.

¡El jueves es mi cumpleaños!

Estoy llegando a los 31 con las arrugas propias de mi mala leche pero creo que más estupenda que nunca. Atrás quedan definitivamente los 20 y ya algunos chavalines/as, y algunos no tan chavales, empiezan a torearme sobre mi edad.

Sobre todo los últimos 10 años he viajado bastante (11 países), he cumplido un par de sueños de la infancia (ir a la NASA y conocer astronautas), a mi pesar sigo compartiendo piso con gente variopinta y sin vivir con perros y/o gatos, a cambio algún día me llamaréis Doctora. Pero sin duda hay algo de lo que me siento especialmente orgullosa…

Llegar a los 30 y que me sigan pidiendo el carnet al comprar cerveza en un supermercado.

ACHIEVEMENT UNLOCKED!!!

Un beso corazones

PD. By the way, me gustan las tarjetas de felicitación y las tartas de nata y chocolate. Ahí lo dejo…

Qué no hacer si me encuentras por la calle.

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He leído estos días las noticias sobre las supuestas violaciones en grupo de Málaga y Gandía, así como las declaraciones del alcalde de Valladolid sobre otra supuesta violación en su ciudad, y las recomendaciones del Ministerio del Interior para las mujeres. Y me ha dado un coraje tremendo ver tanto impresentable, tanto comentario machista, tanta complacencia con los agresores sexuales, y tanta criminalización de la victima y de la mujer en general. 

Hoy en mi post voy a comentar varias de las situaciones que sufrí simplemente por haber nacido mujer. 

Hace años estuve en un festival musical en Asturias. En un momento dado tuve que salir del recinto para ir a comprar comida al supermercado. De la que voy caminando había mucha gente, muchos coches y en general mucho jaleo. En esto que un coche se para a mi lado y un chaval me pregunta algo, de la que miro hacia dentro del coche veo que el tipo está ahí dándole al tema. Obviamente me largué maldiciendo no tner la sangre fría de apuntar la matrícula del coche y volver después a reventarle las lunas del coche. Pero lo pensé, y seriamente. Lo pero es que no fue la última vez que un chaval me enseña sus partes sin venir a cuento… No sé vosotros pero yo no le veo la lógica. En fin…

Podría contar muchísimas situaciones, hace tiempo viví una situación especialmente grave en la que me consta que un hombre aparentemente feminista y super de izquierdas se aprovechó de situaciones para meter mano a chicas. Obviamente sin violencia pero no por ello menos invasivo e incómodo.

Pero sin duda es en Londres donde más situaciones incómodas he vivido en menos tiempo. Y si ya por mí misma tengo tendencia a arrebatos de furia (aunque después soy una buenaza, me controlo y nunca hago nada) desde que estoy aquí mis impulsos agresivos ante estúpidos se están desarrollando peligrosamente.

Hace año y medio, de la que vine a vivir a Londres, paseando por Camden Town un chico español me abordó para darme propaganda de un restaurante. Suele haber muchos chavales repartiendo propaganda, cuando no tengo posibilidad de escaquearme simplemente cojo el folleto y sigo caminando sin pararme. Pues este chaval empezó a seguirme dándome la vara y en uno de los momentos en los que me paro para decirle que simplemente voy a supermercado y que me alegro de que sea de españa y todo eso, el tipo va y me mete morro. Pero una que tiene buenos reflejos tuvo tiempo suficiente para hacer una cobra de libro. Flipé. ¿De qué cojones iba?

Poco tiempo después, en verano, hacía calor y llevaba un vestido. Iba caminado de vuelta de trabajo a casa, de nuevo por Camden y veo a un borracho a lo lejos. En Camden hay más borrachos por metro cuadrado que centímetros así que siempre voy un poco alerta. El caso es que el viejo borracho de marras veo que se viene acercando a mí y cuando está a mi lado, alarga la mano para intentar tocarme la pierna (o a saber que quería tocar) mientras hace gestos obscenos con su lengua. Pero de nuevo un rápido movimiento a lo karate kid de mi brazo lo desestabiliza y prosigue con su marcha como si nada. Mientras yo me quedo gritandole barbaridades y sopesando si, en caso de darle un puñetazo tendría las de ganar. Estaba tan borracho que probablemente de un puñetazo lo hubiera tirado al suelo, donde me hubiera recreado dandole patadas en el estómago, pero sopesando los pros y los contras, decidí que mejor no. Que tampoco era plan de ir apaleando borrachos por ahí. 

91740-its-all-your-fault-motherfucke-grbsEn estas dos ocasiones la verdad que no pasé miedo, me enfadé mucho, muchísimo pero creo que en ambos casos no había un peligro real. Sin embargo en otra ocasión sí pasé miedo.

Cuando vuelvo a casa desde la casa del vikingo paso al lado de la estación de St. Pancras, esa zona aunque hay muchos taxis y pisos cuando oscurece puede dar un poco de cosa. Una noche que volvía a casa (tampoco era tan tarde) veo a dos chavales que vienen y me piden fuego. Les respondo que no tengo y sigo caminando pero entonces los oigo llamarme por detrás, me giro y los veo haciéndome señales para que me acercara, que no se qué. Ni de coña. Me giré y seguí caminando a paso rápido. Por fortuna no me siguieron y probablemente no tuvieran intención de hacerme nada pero… ¿Y si realmente tuvieran la intención? El Ministerio Español me echaría la culpa a mí por ser mujer y andar de noche sola. Si esos tipos tuvieran la intención de hacerme algo me hubiera sido de gran utilidad correr, cardio amigas no solamente sirve para quitarte michelines.

La última me sucedió el miércoles pasado. De la que volvía a coger el metro al salir del rocódromo un paisano que venía haciendo como que hablaba por el móvil (haciendo porque no estaba hablando con nadie) me para con la excusa de pedirme una dirección. Cuando le digo que no conozco la zona y sigo caminando el tipo me grita que me pare (así en plan orden). Le digo “¿Que?”  (en plan “¿que coj… quieres?) y el tipo me pregunta por otra dirección. Le repito que no soy de aquí y empieza un puñetero interrogatorio sobre mi vida. “¿Y a ti que coj… te importa?” pienso. El imbécil este va y me saca su tarjeta de que es médico en un hospital. Ahh si es médico la cosa cambia… Pues no, le felicito por ser médico e intento seguir mi camino pero el impresentable sigue con su tercer grado y llegado un punto ¿no va y me dice que de verdad le gustaría conocer de donde soy y que si podemos intercambiar datos de contacto? La peña ¿es gilipollas o que? Bueno pues al tipo este repondo con un sonoro no y ¿no va y se sorprende?. A ver… a ver… ¿y encima se cabrea y me pregunta que por qué?. Me hace perder el tiempo, me ordena que me pare, me incomoda, me habla y me pregunta cosas de manera invasiva y ¿encima soy yo la borde? En este caso me hubiera gustado tener la fuerza para pegarle un puñetazo por gilipollas y por hacerme perder el tiempo.

Sarah

¿Quieres mis datos de contacto? ¡Este es mi número!

Estas son varias de las “anécdotas” más molestas e invasivas, pero también hay piropos y comentarios. Y sí, me molestan, y no, no me siento especialmente halagada. ¿Os imagináis que fuera al revés? ¿Que fuera yo por ahí metiendo morro o tocando paquetes por la calle a desconocidos?, ¿o que le ordenara a un tipo cualquiera que se parara y me diera sus datos de contacto?, ¿o que me girara y dijera “boyu, que pelazo tienes hermoso” a todos los heavys macizorros que me encuentre por Camden?… Absurdo, completamente ridículo. 

Desde aquí, por convicción y para llevar la contraria al Ministerio de Interior Español reivindico a una mujer que no se esconde ni vive con miedo. Una mujer inteligente que ve venir la amenaza sin vivir paranoica. Una mujer que sopesa las circunstancias y tiene capacidad para plantar cara y frenar comentarios, insinuaciones y estupideces varias y capacidad de reacción y huida si la cosa se pone fea. Y sobre todo mujeres que sepan valerse por si mismas pero que sin duda aprecien la compañia de sus amigos y parejas porque aunque hay mucho idiota suelto, mi experiencia me dice que hay muchos más hombres respetables.

Un beso corazones.

No tengo pensado hablar de Gaza pero…

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Todo esto que está sucediendo en Gaza me ha recordado una pequeña historia que me sucedió. Durante el verano de 2011 participé en un curso en Austria. Este curso es internacional, se celebra cada año en un país diferente, así que allí nos encontramos gente de todo el mundo y por supuesto de culturas muy diversas. En este curso, cada sábado, se celebra lo que llamamos “cultural night”.  Durante estas noches grupos de alumnos presentan a los demás sus respectivos países seguido por comida elaborada por ellos mismos, a veces deliciosa otras veces vomitiva. Recuerdo todas las presentaciones con cariño, aunque algunas fueran super aburridas, todas excepto una: Israel.

La presentación consistía en tres puntos: una presentación powerpoint sobre Israel, una representación de un rito tradicional religioso y después degustación de comida típica. La comida estaba deliciosa, al rito tradicional no le presté un mínimo de atención porque las movidas religiosas me la traen muy al pairo, pero el powerpoint… Ese powerpoint es el que hace que no me sorprenda noticias como la que leí esta mañana (soldado israelí se jacta de haber matado 13 niños palestinos). Todas y cada una de las diapositivas hacían referencia a los padres fundadores de Israel, que al parecer hicieron de un desierto un paraíso donde crece la fruta a mansalva, y al ejército. Ese ejército tan poderoso y tan guay que hasta las mujeres hacen la mili. Eso acompañado con fotos de la compañera israelí a lo Lara Croft (en fin). Ni una sola mención al pueblo palestino. Y casi que lo agradezco. Yo me encontraba sentada entre una amiga madrileña que había visitado personalmente Palestina, y un amigo australiano al que el conflicto le pilla bastante lejos, sin embargo nuestra indignación aumentaba por igual con cada diapositiva. De hecho, uno de los compañeros israelíes se negó a participar en tal esperpento, porque no le parecía adecuado. Y no lo era. Al final cuatro aplausos de compromiso y muchos comentarios por lo bajini sobre lo inadecuado de tal propaganda sobre el ejército de Israel en un acto que se supone intercultural y de concordia.

Nuestra Lara Croft israelí hace unos días publicaba en su muro de facebook una infografía sobre su “derecho” a bombardear casas palestinas porque esconden miembros de Hamás. Si había niños dentro, la culpa es de Hamás que los utiliza de escudos humanos… Esto me enfureció. Nada, absolutamente nada, justifica el bombardeo de casas particulares donde puede haber civiles (niños o adultos, me da igual). Bueno quien dice casas particulares dice colegios, hospitales o mercados, ya puestos… pero eso no es terrorismo, no. Que la población civil no pueda tener una vida normal, en una tierra donde sus antepasados han vivido probablemente durante siglos, y que hoy por hoy no tengan un lugar seguro donde refugiarse de bombardeos indiscriminados no genera terror, no, genera lo siguiente. El móvil del estado de Israel para semejante atrocidad es que quiere apropiarse de las tierras de Palestina, es un hecho y es muy obvio, cuenta con los medios (un ejército fuerte y la indiferencia de la comunidad internacional) y los actos de Hamás le han dado la oportunidad. Si no existiera Hamás, Israel la inventaría.

En fin, sólo quería daros una muestra de lo naturalizado que está entre los ciudadanos israelíes su ejército. Durante varios años de sus vidas, el ejército ha sido la familia y los amigos de la mayor parte de la población. Lo llevan tan dentro de sí como para no darse cuenta de cuando están meando fuera del tiesto.

Un beso corazones.

 

Responsabilidad y madurez

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Españoles, el Rey (sniff) ha abdicado (sniff sniff).

Con un mensaje infantiloide y vacío, sin explicar por qué, ni cómo, ni nada de nada. Pero es entendible al fin y al cabo los españolitos no sabrían entender esas cosas tan importantes que sólo entienden los mayores.

Yo soy republicana. No el tipo de republicana que alza la bandera tricolor y se pone a decir lo bien que se vivía en la II República porque, seamos sinceros, aunque lo que vino después fue definitivamente mucho peor, la II República era mejorable.

Tampoco soy republicana porque crea que una monarquía es muy costosa. No creo que una república al estilo francés sea mucho más barata. Sí ya sé que estamos en crisis y que el coste es importante, no lo dudo, pero no es uno de los motivos por los que yo me considero (y siempre me consideré) republicana.

Soy republicana por ética. Porque yo sí que de veras creo que todos los ciudadanos hemos nacido iguales. Iguales en oportunidades y derechos, iguales en obligaciones y por supuesto iguales ante la ley. Yo creo que Felipe “El Preparao” no está tan preparado como se dice, y jamás lo estará. Este señor (ha dejado de ser un jovencito hace años) no duraría ni un segundo viviendo como un español de a pie. No sabe lo que es el paro, ni los desahucios, ni las listas de espera en hospitales, ni las tasas de universidad, ni los contratos basura… así que no, no está preparado porque no sabe lo que es vivir como una persona normal. Dudo mucho que pueda representar mis intereses cuando no tiene ni pajolera idea de cuáles son. Y viendo lo mal que llevan eso de la democracia, dudo que ni siquiera vayan a preguntar.

Es cierto que muchos países a los que les va muy bien son monarquías: Suecia, Dinamarca, Holanda, Noruega… Pero no nos engañemos, no les va bien porque sean monárquicos, les va bien por motivos económicos, y cuando las cosas van bien la gente no se queja, la gente no se hace preguntas, la gente, en general y con honrosas excepciones, se sienta a ver MHYV o cosas por el estilo. Como yo siempre le digo al susodicho… “todos estáis muy contentos en Noruega con todo, hasta que todo empiece a ir mal”. Pocos nos preguntábamos sobre la monarquía cuando Aznar decía eso de “España va bien”. De todas formas, a ninguna de las mencionadas monarquías se le toleraría un comportamiento tan poco “ejemplar” como se le ha tolerado a la nuestra. Es lo que tienen las democracias, no toleran ni la quinta parte de lo que toleramos aquí.

Pero “Spain is different”.

En España más que un rey reina el miedo. El miedo a todo. En todos los sentidos es como si el país tuviera miedo a ser demócrata. Al parecer la sombra de Franco es más alargada de lo que parece. Pero no sólo en las instituciones, también entre la población. La gente tiene miedo a todo. Miedo a cambiar. Mucha de esa gente que se queja de que Franco sigue aquí, que los políticos no se qué… toda esa gente, después tiene miedo a decidir. Y lo que es peor, tienen miedo a que otros tengan la posibilidad de debatir y elegir. 

Pues bien España… ¡¡¡BIENVENIDA A LA EDAD ADULTA!!!

Recuerdas cuando tu madre/padre/tutor te decía eso de “crecer y madurar implica ser responsable de tu vida y tomar tus propias decisiones”. ¿Te acuerdas? Pues eso no sólo hacía referencia a qué casa comprar, cuántos hijos tener, qué coche te conviene, si te vas a ir de vacaciones o qué facturas pagar antes… Madurar también implica que te involucres en los asuntos que te afectan y que afectan a los demás, esa gente con la que, aunque no eres tú, no te queda más remedio que convivir. Pero en España parece que cuando se refiere a los temas de estado (política, economía…) estábamos en pañales. Preferíamos que decidieran por nosotros, era más fácil, no preocuparnos de cosas complicadas, dejar que otros tomaran las decisiones. Niños pequeños.

Los que toleran la monarquía son súbditos, los que no desean mojarse en los asuntos de estado son niños inmaduros, los que niegan un derecho democrático como es una consulta popular sobre el modelo de estado son dictadores.

 

Pues yo me considero ciudadana, adulta y deseo escuchar lo que mis conciudadanos tienen que decir, y deseo que mi opinión también se tenga en cuenta. Por eso exijo a mis conciudadanos (monárquicos o republicanos) que exijan un referéndum, porque es tu derecho y obligación el decidir y su obligación el escucharnos. La responsabilidad es involucrarse, la irresponsabilidad es que otros decidan por ti. Esto era una democracia ¿no?

Un beso corazones.

PD. Y sólo por fastidiar incluyo la portada censurada de El Jueves.

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