Archivos Mensuales: agosto 2014

Qué no hacer si me encuentras por la calle.

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He leído estos días las noticias sobre las supuestas violaciones en grupo de Málaga y Gandía, así como las declaraciones del alcalde de Valladolid sobre otra supuesta violación en su ciudad, y las recomendaciones del Ministerio del Interior para las mujeres. Y me ha dado un coraje tremendo ver tanto impresentable, tanto comentario machista, tanta complacencia con los agresores sexuales, y tanta criminalización de la victima y de la mujer en general. 

Hoy en mi post voy a comentar varias de las situaciones que sufrí simplemente por haber nacido mujer. 

Hace años estuve en un festival musical en Asturias. En un momento dado tuve que salir del recinto para ir a comprar comida al supermercado. De la que voy caminando había mucha gente, muchos coches y en general mucho jaleo. En esto que un coche se para a mi lado y un chaval me pregunta algo, de la que miro hacia dentro del coche veo que el tipo está ahí dándole al tema. Obviamente me largué maldiciendo no tner la sangre fría de apuntar la matrícula del coche y volver después a reventarle las lunas del coche. Pero lo pensé, y seriamente. Lo pero es que no fue la última vez que un chaval me enseña sus partes sin venir a cuento… No sé vosotros pero yo no le veo la lógica. En fin…

Podría contar muchísimas situaciones, hace tiempo viví una situación especialmente grave en la que me consta que un hombre aparentemente feminista y super de izquierdas se aprovechó de situaciones para meter mano a chicas. Obviamente sin violencia pero no por ello menos invasivo e incómodo.

Pero sin duda es en Londres donde más situaciones incómodas he vivido en menos tiempo. Y si ya por mí misma tengo tendencia a arrebatos de furia (aunque después soy una buenaza, me controlo y nunca hago nada) desde que estoy aquí mis impulsos agresivos ante estúpidos se están desarrollando peligrosamente.

Hace año y medio, de la que vine a vivir a Londres, paseando por Camden Town un chico español me abordó para darme propaganda de un restaurante. Suele haber muchos chavales repartiendo propaganda, cuando no tengo posibilidad de escaquearme simplemente cojo el folleto y sigo caminando sin pararme. Pues este chaval empezó a seguirme dándome la vara y en uno de los momentos en los que me paro para decirle que simplemente voy a supermercado y que me alegro de que sea de españa y todo eso, el tipo va y me mete morro. Pero una que tiene buenos reflejos tuvo tiempo suficiente para hacer una cobra de libro. Flipé. ¿De qué cojones iba?

Poco tiempo después, en verano, hacía calor y llevaba un vestido. Iba caminado de vuelta de trabajo a casa, de nuevo por Camden y veo a un borracho a lo lejos. En Camden hay más borrachos por metro cuadrado que centímetros así que siempre voy un poco alerta. El caso es que el viejo borracho de marras veo que se viene acercando a mí y cuando está a mi lado, alarga la mano para intentar tocarme la pierna (o a saber que quería tocar) mientras hace gestos obscenos con su lengua. Pero de nuevo un rápido movimiento a lo karate kid de mi brazo lo desestabiliza y prosigue con su marcha como si nada. Mientras yo me quedo gritandole barbaridades y sopesando si, en caso de darle un puñetazo tendría las de ganar. Estaba tan borracho que probablemente de un puñetazo lo hubiera tirado al suelo, donde me hubiera recreado dandole patadas en el estómago, pero sopesando los pros y los contras, decidí que mejor no. Que tampoco era plan de ir apaleando borrachos por ahí. 

91740-its-all-your-fault-motherfucke-grbsEn estas dos ocasiones la verdad que no pasé miedo, me enfadé mucho, muchísimo pero creo que en ambos casos no había un peligro real. Sin embargo en otra ocasión sí pasé miedo.

Cuando vuelvo a casa desde la casa del vikingo paso al lado de la estación de St. Pancras, esa zona aunque hay muchos taxis y pisos cuando oscurece puede dar un poco de cosa. Una noche que volvía a casa (tampoco era tan tarde) veo a dos chavales que vienen y me piden fuego. Les respondo que no tengo y sigo caminando pero entonces los oigo llamarme por detrás, me giro y los veo haciéndome señales para que me acercara, que no se qué. Ni de coña. Me giré y seguí caminando a paso rápido. Por fortuna no me siguieron y probablemente no tuvieran intención de hacerme nada pero… ¿Y si realmente tuvieran la intención? El Ministerio Español me echaría la culpa a mí por ser mujer y andar de noche sola. Si esos tipos tuvieran la intención de hacerme algo me hubiera sido de gran utilidad correr, cardio amigas no solamente sirve para quitarte michelines.

La última me sucedió el miércoles pasado. De la que volvía a coger el metro al salir del rocódromo un paisano que venía haciendo como que hablaba por el móvil (haciendo porque no estaba hablando con nadie) me para con la excusa de pedirme una dirección. Cuando le digo que no conozco la zona y sigo caminando el tipo me grita que me pare (así en plan orden). Le digo “¿Que?”  (en plan “¿que coj… quieres?) y el tipo me pregunta por otra dirección. Le repito que no soy de aquí y empieza un puñetero interrogatorio sobre mi vida. “¿Y a ti que coj… te importa?” pienso. El imbécil este va y me saca su tarjeta de que es médico en un hospital. Ahh si es médico la cosa cambia… Pues no, le felicito por ser médico e intento seguir mi camino pero el impresentable sigue con su tercer grado y llegado un punto ¿no va y me dice que de verdad le gustaría conocer de donde soy y que si podemos intercambiar datos de contacto? La peña ¿es gilipollas o que? Bueno pues al tipo este repondo con un sonoro no y ¿no va y se sorprende?. A ver… a ver… ¿y encima se cabrea y me pregunta que por qué?. Me hace perder el tiempo, me ordena que me pare, me incomoda, me habla y me pregunta cosas de manera invasiva y ¿encima soy yo la borde? En este caso me hubiera gustado tener la fuerza para pegarle un puñetazo por gilipollas y por hacerme perder el tiempo.

Sarah

¿Quieres mis datos de contacto? ¡Este es mi número!

Estas son varias de las “anécdotas” más molestas e invasivas, pero también hay piropos y comentarios. Y sí, me molestan, y no, no me siento especialmente halagada. ¿Os imagináis que fuera al revés? ¿Que fuera yo por ahí metiendo morro o tocando paquetes por la calle a desconocidos?, ¿o que le ordenara a un tipo cualquiera que se parara y me diera sus datos de contacto?, ¿o que me girara y dijera “boyu, que pelazo tienes hermoso” a todos los heavys macizorros que me encuentre por Camden?… Absurdo, completamente ridículo. 

Desde aquí, por convicción y para llevar la contraria al Ministerio de Interior Español reivindico a una mujer que no se esconde ni vive con miedo. Una mujer inteligente que ve venir la amenaza sin vivir paranoica. Una mujer que sopesa las circunstancias y tiene capacidad para plantar cara y frenar comentarios, insinuaciones y estupideces varias y capacidad de reacción y huida si la cosa se pone fea. Y sobre todo mujeres que sepan valerse por si mismas pero que sin duda aprecien la compañia de sus amigos y parejas porque aunque hay mucho idiota suelto, mi experiencia me dice que hay muchos más hombres respetables.

Un beso corazones.

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