Vacaciones en Noruega

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Estas vacaciones he vuelto a Noruega. Tras mi pequeña escapada en Noviembre a Oslo esta vez fuimos a casa de la familia de mi novio en Sandnes, desde donde tuve la oportunidad de conocer aparte de Sandnes, Stavanger, Lysefjord y algún que otro lugar. La verdad es que tuvimos muchísima suerte ya que salvo el primer día que llovió, el resto de los días estuvo despejado y muy soleado así que pudimos disfrutarlos.

Sandnes es una ciudad dormitorio de Stavanger que está sufriendo un aumento notable de la población gracias a la industria petrolera. La verdad es que la ciudad no tiene nada relevante, sin embargo, en sus alrededores se ha construído un carril bici que permite dar un agradable paseo si el tiempo acompaña. En mi caso no acompañó mucho y acabé como una sopa… También tuvimos la oportunidad de recorrer en coche parte de la costa con un par de paradas en Ølberg y otros pequeños puertos de la zona.

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Pero desde que llegué, mi obsesión era subir al Púlpito. Tras bastante insistir y algún refunfuño, convencí a mi novio de ir (él creía que no habría transporte para llegar pero haber, había). Desde Stavanger cogimos un ferry para cruzar el fiordo hacia Tau. Desde allí un autobus nos llevó a Preistekolen Mountain Lodge, que es el punto de partida de la senda que nos lleva al Púlpito. Se tarda aproximadamente 4 horas entre ir y volver y el recorrido no es complicado, pero no os engañéis que tampoco es suave. Para nada.  Hay varias subidas muy empinadas en las que casi me dejo el esófago y conforme nos acercamos al Púlpito hay un par de momentos en los que la altura y la cercanía al precipicio da bastante yuyu. Pero merece la pena.

 

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La ciudad de Stavanger es una ciudad bastante pequeña, y se nota, y será por eso que me gusta. En el puerto hay varios bares y restaurantes con terrazas donde se ve mucho ambiente, cuando nosotros pasamos por allí había además música en directo. En el puerto muchas veces se pueden ver cruceros en sus recorridos por los fiordos. Lo que más me gustó de la ciudad fue su zona antigua, donde vivían antiguamente los pescadores. Las casas blancas de madera me recuerdan a las postales navideñas y a los cuentos infantiles. No tuvimos tiempo a visitar el museo del petróleo, como era mi intención, para la próxima supongo.

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Una de las actividades que más me gustó fue un recorrido en barco por el Lysenfjiord. 3 horas inmersos entre las escarpadas paredes del fiordo, las pequeñas islas con sus casas y el impresionante paisaje.

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No puedo negar que me encanta Noruega, de lo que vuelvo y volveré siempre a quejarme es de los precios de todo, muy bonito todo pero no es una buena opción si se busca un lugar baratito. Ahora bien, una vez en la vida al menos, hay que hacer este viaje.

Un beso corazones.

 

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